Muchos textos que se precian de eruditos y otros como este –que no aspiran a tanto- parten de una serie de preguntas: ¿Qué es la comunicación? ¿Qué es un comunicador? 
Aunque antiguos, estos interrogantes no dejan de sorprender por su constante actualidad y las respuestas posibles parecen no agotarse. Podríamos caer en el espejismo de pensar que cada persona que se los plantee encontrará una solución distinta. Debiéramos tratar de entender cuáles son las razones que posibilitan este “libre albedrío”.
El primer argumento que nos sale al paso es la novedad de los estudios en comunicación. Si pensamos que estos se inscriben en las ciencias sociales, estamos ante un campo joven en relación a otras ciencias. Vale aclarar que dentro de esa polifonía que supone lo social, los estudios en comunicación son los “benjamines” del grupo. De aquí podemos sacar unas primeras conclusiones: nos cuesta saber de qué hablamos, porque estamos ante un campo académico que ha comenzado a dar sus primeros pasos.
No sorprende que las currículas de los estudiantes que dedican años en universidades e institutos sean tan variadas. Nuestras escuelas en comunicación y periodismo pasean a sus alumnos del pragmatismo más puro, a la filosofía más profunda. Obviamente, algunas han optado por darlo todo, convirtiendo al estudiante en el “alumno orquesta” a través de una receta no menos peculiar: hacer el “taller de radio”, mientras se estudia a la escuela de Frankfurt, sumarle dos cucharadas de McLuhan con un toquecito de Charles S. Peirce, y por último unas pizcas de filosofía, sociología y didáctica.
Debemos ser claros, y valga esta nota como llamado de atención: quienes hacemos COMUNICACCIÓN somos hijos de esta realidad. Criados en este ámbito confuso y conflictivo, el resultado es una “comunicación orquesta” que se permite utilizar a los medios para comunicar, pero también se da el tiempo necesario para pensar y repensar sus acciones e impactos en la sociedad. Creemos que comunicador es aquel que utiliza las herramientas que posee (sea una nota informativa, una dinámica de grupo, una publicidad, etc.) para poner en diálogo eficaz a los actores sociales. Esta TAREA implica responsabilidades no menores, ya que el
comunicador debe ser garante del diálogo social poniendo todo su empeño para lograrlo. Ser comunicador es entender a la COMUNICACIÓN como cimiento y motor de una sociedad más justa y democrática.
Nos ponemos en marcha con el norte puesto en estos valores: integridad, diversidad, ética profesional, abnegación y humildad. Nos esforzaremos para hacerlos carne en cada una de nuestras intervenciones. Porque comunicando hoy, construiremos el mañana.

Aunque antiguos, estos interrogantes no dejan de sorprender por su constante actualidad y las respuestas posibles parecen no agotarse. Podríamos caer en el espejismo de pensar que cada persona que se los plantee encontrará una solución distinta. Debiéramos tratar de entender cuáles son las razones que posibilitan este “libre albedrío”.
El primer argumento que nos sale al paso es la novedad de los estudios en comunicación. Si pensamos que estos se inscriben en las ciencias sociales, estamos ante un campo joven en relación a otras ciencias. Vale aclarar que dentro de esa polifonía que supone lo social, los estudios en comunicación son los “benjamines” del grupo. De aquí podemos sacar unas primeras conclusiones: nos cuesta saber de qué hablamos, porque estamos ante un campo académico que ha comenzado a dar sus primeros pasos.
No sorprende que las currículas de los estudiantes que dedican años en universidades e institutos sean tan variadas. Nuestras escuelas en comunicación y periodismo pasean a sus alumnos del pragmatismo más puro, a la filosofía más profunda. Obviamente, algunas han optado por darlo todo, convirtiendo al estudiante en el “alumno orquesta” a través de una receta no menos peculiar: hacer el “taller de radio”, mientras se estudia a la escuela de Frankfurt, sumarle dos cucharadas de McLuhan con un toquecito de Charles S. Peirce, y por último unas pizcas de filosofía, sociología y didáctica.
Debemos ser claros, y valga esta nota como llamado de atención: quienes hacemos COMUNICACCIÓN somos hijos de esta realidad. Criados en este ámbito confuso y conflictivo, el resultado es una “comunicación orquesta” que se permite utilizar a los medios para comunicar, pero también se da el tiempo necesario para pensar y repensar sus acciones e impactos en la sociedad. Creemos que comunicador es aquel que utiliza las herramientas que posee (sea una nota informativa, una dinámica de grupo, una publicidad, etc.) para poner en diálogo eficaz a los actores sociales. Esta TAREA implica responsabilidades no menores, ya que el
comunicador debe ser garante del diálogo social poniendo todo su empeño para lograrlo. Ser comunicador es entender a la COMUNICACIÓN como cimiento y motor de una sociedad más justa y democrática.
Nos ponemos en marcha con el norte puesto en estos valores: integridad, diversidad, ética profesional, abnegación y humildad. Nos esforzaremos para hacerlos carne en cada una de nuestras intervenciones. Porque comunicando hoy, construiremos el mañana.
